ÁGREDA
Rafael del Barco Carreras
Julio 2008. Juntar dos
huevos fritos con chorizo y mis trascendencias sobre crisis, corrupción y
cárceles, no cuadra. Y menos después de un largo paseo por los Huertos Árabes,
partiendo del camino entre el Santuario de
Pero el pasado se emperra en
aparecer. Un anciano, todos por los huertos lo son, concediendo a mis 68 años
una envidiada juventud, tras confundir viejas familias del lugar, me contó que
su padre en los 40 pasó un año en la cárcel de Torrero
por unos sacos de grano vendidos de estraperlo. Aquel año y un “se lo quitaron
todo” quitaba hierro a lo mío, como también vivirían poco
y mal los picapedreros que construyeron los tan impactantes torreones de las
murallas, o el sólido Palacio de los
Castejones, rehabilitado por y para
Una gozada tropezar con dos
mozos de 85 años, azada en mano, cosechando acelgas y cardos. Pero no me zafé
de sus penas y la crisis con el abono y gasoil en plena escalada de precios y
la imposibilidad de nuevas generaciones cultivando los huertos tan bien
trazados y regados desde los invasores árabes.
Negándome al pesimismo,
aquello es demasiado hermoso para imaginarlo tragado por la globalización y el
abandono, me dije que aun se puede huir del mundanal ruido… forzando la imaginación, por unos días… y
pegado a Internet.